Chapter 3
Luz Lejana
La Luz Lejana
Hay una extraña misericordia en mirar a alguien que tiene lo que perdiste.
Se nos enseña a apartar la vista del dolor. El punzante y silencioso aguijón de ver otra vida florecer donde la tuya se ha helado. Se nos dice que es un veneno, una cosa pequeña y amarga a la que hay que privar de oxígeno.
Pero hay una pureza en ese tipo de anhelo.
Cuando te paras en invierno y miras a través del cristal un hogar que aún arde, el anhelo no te miente. Te dice exactamente lo que falta. Traza la forma precisa del espacio vacío en tu pecho.
Es una aguja de brújula hecha de pena. Señala hacia aquello que una vez supiste sostener.
La gente piensa que el dolor es una crueldad. Pero es, en su mayor parte, una forma de recordar. Demuestra que aún sabes cómo es el calor, aunque tus manos hayan olvidado su tacto. Mirar un fuego brillante desde el campo oscuro y sentir el ardor en la garganta es admitir que la luz era real. Que importaba. Que existió en tu vida una vez, antes de que la estación cambiara y el viento se la llevara.
El anhelo es pesado. Es una cosa pesada de llevar en el frío. Pero es un peso que demuestra que las manos no están del todo vacías. Todavía se extienden. Todavía sostienen la forma de lo que se ha ido.